Relevamiento de Investigaciones en Comunicación y Salud>>> Apuntes, notas, resúmenes.
1342. 2003. María Laura Efrón. Llamar a las cosas por su nombre: Ley de promoción de utilización del medicamento por su nombre genérico. tutor: Adriana Ghitia.
La investigación de Efrón (2003) está diseñada en torno a dos ejes: la información que circuló sobre la Ley de medicamentos genéricos en los medios masivos de comunicación y “las percepciones que los usuarios tienen de sus propias prácticas en relación a dicha ley”. Efron, quien entiende a los medicamentos como un bien social y señala la problemática de la accesibilidad a los mismos en términos de la OMS, describe las particularidades del mercado de medicamentos (el carácter imperfecto y no estacional; las relaciones entre visitadores médicos/médicos/pacientes/farmacéuticos; los oligopolios, etc.); la cuestión de las patentes y la presión en los países latinoamericanos para la regulación de los medicamentos genéricos (Efrón da cuenta de la normativa vigente en varios países, señalando casos en donde la prescripción por nombre genérico es obligatoria u optativa). Asimismo Efrón brinda definiciones sobre nombre genérico (el DCI –denominación común internacional- que es el término utilizado en los medios científicos o académicos para referirse al principio activo de los medicamentos), distingue entre “los genéricos” (tal como se los entiende en la Argentina y por ende en los discursos de los actores involucrados analizados a lo largo de su investigación) y los medicamentos genéricos (tales como se los entiende a nivel internacional, donde se presupone que hay estudios de biodisponibilidad –“velocidad y magnitud en que un principio activo o fracción terapéutica se absorbe a partir de una forma farmacéutica y queda disponible en el lugar de acción”- y bioequivalencia –“dos medicamentos son bioequivalentes si son equivalentes farmacéuticos (si contienen la misma cantidad del mismo principio activo en la misma forma de dosificación) y si su biodisponibilidad después de su administración en dosis iguales son similares en tal grado que, sus efectos, en términos de eficacia y seguridad, se supone serán esencialmente los mismos”). En este sentido, señala Efrón que en Argentina no existe en realidad una ley de medicamentos genéricos -dado que no se exigen pruebas de bioequivalencia y biodisponibilidad-, aunque sí subraya que la ley de prescripción del medicamento por su nombre genérico “modifica las reglas de juego del micro escenario, haciendo necesarios cambios en los hábitos profesionales de médicos y farmacéuticos y a la vez cambios en los hábitos sanitarios de los pacientes”. Efrón contextualiza el surgimiento de la ley de prescripción de medicamentos por nombre genérico situándola en el escenario signado tras la crisis del 2001 (y la consecuente “crisis sanitaria”, cuya emergencia en la superficie mediática también quedó asentada en esta investigación) y entendiéndola como parte de una política de Estado de la cual también formó parte el plan Remediar. Asimismo detalla los antecedentes legales de la ley que fueron marcándole el camino. El centro del trabajo de Efrón, tal como lo adelantáramos, es por un lado un análisis del discurso en base a un corpus compuesto por los artículos publicados por los cinco principales diarios del país, que abarca un período que comprende desde los comienzos del año 1996 hasta mediados del 2003; por otro lado, Efrón emprende un análisis cualitativo de las percepciones de los pacientes a partir de entrevistas, teniendo en cuenta datos sociodemográficos para determinar su nivel socioeconómico y teniendo en consideración la composición de los diferentes sistemas de salud: “La muestra de usuarios de los diferentes sistemas de salud se elaboró tomando como parámetro la última encuesta de calidad de vida elaborada por el Siempro (Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales), que indica que el 40.1 por ciento de la población argentina se atiende por obra social, el 6.6 por ciento por PAMI, el 10 por ciento por mutual o prepaga y el 43.2 por ciento en el sector público”. Seis ejes guiaron la conversación: La ley de prescripción del medicamento por su nombre genérico: información, cambios; El médico; El farmacéutico y la farmacia; Los medicamentos; Los medicamentos genéricos; La decisión de compra. Los resultados de las entrevistas, entre otros datos, arrojaron que un 70% de los usuarios estaban al tanto de la existencia de la ley (este porcentaje sería mayor, señala Efrón, al indicar que dentro del 30% de los que contestaron por la negativa hubo quienes dejaron ver, en otras respuestas, que en la práctica estaban al tanto de lo que implicaba la ley). Del análisis del corpus mediático se desprende que los medios construyeron la noticia en torno a la disputa entre dos actores, el Gobierno y los Laboratorios, invisibilizando al resto de los actores (pacientes, médicos, e incluso laboratorios fabricantes de medicamentos genéricos, entre otros). Algunos entrevistados, que manifestaron haber tomado conocimiento de la ley a partir de lo que circuló en los medios masivos, manifestaron precisamente sentirse en medio de un “fuego cruzado”. Los médicos no brindaban información al respecto, y muchos pacientes estaban confundidos con las nuevas prácticas: “hay quienes no saben si en la receta figura el nombre genérico o una marca”. “Sin embargo en la farmacia -señala Efrón-, son más los farmacéuticos que ofrecen diferentes alternativas, incluido el medicamento genérico que quienes no lo hacen”. En este sentido, lo que se desprende de estas entrevistas es que la ley promovió y amplió la interacción entre usuarios y farmacéuticos, pero al momento de comprar un medicamento, la voz autorizada y autorizante del médico continuaba siendo determinante (frente a las opciones que podría indicar el farmacéutico). Otro factor decisivo al momento de inclinarse por los genéricos frente a los medicamentos de marca es la gravedad de la enfermedad, siendo más probable que la compra se incline hacia los medicamentos genéricos en casos de enfermedades leves y que haya una preferencia hacia los medicamentos de marca ante enfermedades graves (siempre que el costo les resultara accesible). El rol del farmacéutico tenía más peso en los casos en que la relación con el médico no era muy buena (y esto se dio, en la muestra de Efrón, entre los usuarios de nivel socioeconómico más bajo), allí la farmacia no se reducía a un comercio sino que se convertía prácticamente en un lugar de consulta. En términos más generales, la percepción de la farmacia no es buena, los usuarios advierten un desplazamiento del viejo farmacéutico con diploma hacia un modelo más actual de simple vendedor (un paradigma que representan cadenas como Farmacity) siendo un espacio en los que se pone de manifiesto “la injusticia social”, debido a los altos costos de los medicamentos (los cuales, más allá del peso que se le otorga a la palabra privilegiada del médico, terminan siendo determinantes al momento de la compra). Hacia las conclusiones, Efrón remarca: “En desmedro de una ley que pretende que sea el paciente quien elija qué medicamento comprar entre aquellos que tienen la misma composición, el discurso de la mala calidad de los medicamentos genéricos caló con fuerza en los usuarios.”