Relevamiento de Investigaciones en Comunicación y Salud>>> Apuntes, notas, resúmenes.
411. 1997. Lucía Minervino y Georgina González Gartland. Comunicación y salud.
La tesina de Lucía Minervino y Georgina González Gartland (1997) es una de las primeras de la carrera en analizar la relación médico-paciente, temática que profundiza tras hacer un abordaje, en los primeros capítulos, del lugar de la medicina en la sociedad, de la medicina en tanto profesión, y del espacio hospitalario en el cual se desenvuelve esta relación. Las autoras hacen hincapié en la necesidad de rescatar el aspecto histórico, social y cultural de la salud, normalmente relegado por el componente biológico y ahistórico con el que se suelen abordar los procesos de salud y enfermedad. Desde la obra de Winkin sobre la escuela de Palo Alto rescatan algunos aportes de la sociología de Erving Goffman y la antropología de Ray Birdwhistle que pueden iluminar distintas aristas de la relación médico-paciente. “Cuanto más difieran pacientes y médicos en sus procesos de socialización –sostienen las autoras- mayor será la distancia entre ellos, distancia en las pautas culturales, en el saber y en el poder”. En este sentido subrayan que la barrera lingüística es uno de los aspectos en donde más se evidencia esta distancia. En relación a cómo influyen las diferencias en los procesos de socialización, señalan que los médicos terminan adoptando diferentes actitudes, por ejemplo dando explicaciones más amplias hacia aquellos que evalúan suficientemente capacitados para comprender y considerando que los sectores populares, con bajo nivel de instrucción, no tienen los requisitos suficientes para ello (cita a Boltanski). A veces el médico cree que el paciente comprendió y no verifica que esto efectivamente fue así, dado que los pacientes de los sectores populares suelen no preguntar cuándo no entienden. Otros factores que hacen fracasar la comunicación es la duración y poca frecuencia de las entrevistas, el hecho de que éstas se conviertan en un monólogo del médico (en lugar de un diálogo con el paciente) que se acostumbra a intervenir rápidamente y no está predispuesto a detectar. Cita a Eduardo Menéndez para criticar la voluntad única de curar que se les imparte en la Facultad de Medicina y que es incapaz de dar una explicación a los comportamientos transgresores de los pacientes. Minervino y González Gartland indican que habría dos especialidades que serían excepciones en cuanto a esta generalización, la pediatría y la diabetología, en la que el médico asume un rol educador que enseña a adquirir hábitos saludables. Las autoras afirman que la del médico y el paciente es una “Vinculación inquietante” (noción que toma de Ferrara Floreal) que se da en el marco de un proceso de salud y enfermedad que tiene que ver con la vida y con la muerte, hecho que determina una relación de dependencia del paciente con el médico en la que éste es considerado como el que puede. El médico se fía de su saber científico y no presta atención a la historias narradas por sus pacientes, según la crítica realizada por Oliver Saks (en una entrevista de Jonathan Cott). Este discurso único de la medicina sobre la enfermedad silencia los múltiples discursos posibles sobre ella. Los médicos no cuestionan su propia eficacia. Al describir los comportamientos de sus pacientes que abandonan sus tratamientos, dejan de tomar los medicamentos o no concurren a las consultas, se observa con frecuencia la emergencia de términos como “transgresión”, “inobservancia”, “incumplimiento”, “inadaptación”, “no adherencia”, entre otros; y normalmente atribuyen y reducen dichos comportamientos a la “culpa” o “falta” de los propios pacientes (cita a Mercado Martínez F J). La relación médico – paciente, afirman Minervino y González Gartland, debería basarse en la confianza mutua y la empatía –capacidad de ponerse emocionalmente en el lugar del otro- entendida como proceso, lo cual incluye: 1) la capacidad de comprender en términos del paciente la representación que éste tiene de su problema de salud; 2) la habilidad de comunicar de vuelta esta comprensión en los términos del paciente; 3) el reconocimiento por parte del paciente del hecho de que el médico lo comprende. Para lograr esta empatía es preciso prestar atención a la comunicación verbal y no verbal, para percibir la angustia, el temor o el enojo.