Las investigaciones en la era de la reproductibilidad técnica
Con posterioridad a la realización del primer relevamiento (entregado en Febrero de 2016) se lanzó el Sistema Nacional de Repositorios Digitales (SNRD, dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación). Éste sistema, que actualmente cuenta con 44 instituciones adheridas, revoluciona la metodología del relevamiento, acortando notoriamente los tiempos de búsqueda a la par que nos invita a repreguntarnos en torno a las cuestiones conceptuales y metodológicas (ver Explorando el Sistema Nacional de Repositorios Digitales). En este artículo recordamos la investigación en épocas previas al SNRD, y nos preguntamos por los obstáculos que aún hoy encuentra el sistema para su más profundo y extenso despliegue.
Volviendo a la cuestión del porcentaje de investigaciones leídas en relación al conjunto de tesinas que conforman el relevamiento, se deduce que en aquel entonces no llegué a consultar el 75% de los trabajos relevados. Esto se debió a que por un lado consideré que había arribado al objetivo principal (es decir, el relevamiento y la clasificación de las tesinas y, en función de eso, el análisis de las líneas de investigación predominantes), y a que también estaba apresurado por la necesidad de concluir esta instancia final de formación académica para obtener mi título de grado, con lo cual el objetivo secundario (las observaciones en torno al campo de la comunicación y la salud, los dominios asociados y sus transformaciones etc.) podían presentarse en términos de primeras aproximaciones para ser investigados en profundidad en sucesivas investigaciones (lo cual vendría a ser una de las principales razones de este sitio) . Por aquel entonces –y hablo nomás de hace cinco años atrás- el tiempo de investigación también rendía menos, si tenemos en cuenta que las tesis no estaban aún digitalizadas. Esto suponía que a la lectura de los trabajos en formato impreso le seguía la transcripción a mano en mi cuaderno de investigación (las imágenes que acompañan este artículo son de algunos manuscritos que aún conservo con cariño), y la posterior transcripción.
A eso sumémosle los tiempos dedicados a viajar desde mi casa o desde mi lugar de trabajo hacia las distintas sedes en donde se encontraban dispersas las tesinas (las primeras 1200 tesinas se encontraban en la biblioteca de la Facultad de Ciencias Sociales, en el edificio de “Marcelo T”; las posteriores, en la sede del nuevo edificio del barrio Constitución); los tiempos propios de la búsqueda de las tesinas (en la biblioteca ese tiempo estaba mediado por la búsqueda en el sistema y por el trabajo del bibliotecario que atendía nuestras peticiones; en el caso de las que se encontraban en la carrera, las tesinas se encontraban relativamente ordenadas en casilleros por número, en unos os estantes a los que acudíamos las y los investigadores, y en gran medida estaba en nuestras manos conservar ese orden); y a partir de ahí los tiempos ya mencionados propios de la lectura, de las apresuradas transcripciones manuscritas (a veces uno llegaba próximo al horario de cierre y el tiempo en la sede había que hacerlo rendir –eso explica la ininteligibilidad que puede observarse en los manuscritos-), luego el regreso a casa para volcar en la computadora los manuscritos (cuando entendíamos nuestra propia letra). Todos esos tiempos (a los que se le suman los dedicados al análisis propiamente dicho, los de la lectura de otros textos académicos que hacen al marco conceptual y metodológico, a la redacción, corrección, etc., en fin, a todo lo que significa hacer y rehacer una tesis) fueron notoriamente transformados y acortados gracias a la digitalización y demás labores que hay detrás por parte de los trabajadores y trabajadoras no docentes que custodian y resguardan éstos trabajos para que puedan estar a nuestra disposición.
Todos esos tiempos, claro está, podrían acortarse aún más si se lograra que el total de las tesinas presentadas tuvieran la aprobación de los autores y autoras para ser subidos a internet. Esto se ve dificultado para las primeras tesinas presentadas. Tengamos en cuenta que a comienzos de los años ’90 –momento en el que se presentan las primeras tesinas- el uso de computadoras no estaba tan extendido –y uno de los encantos del trabajo de archivo documental radica precisamente en encontrarse trabajando con documentos, en estos casos más precisamente con el documento único y original -y su aura benjaminiana- que nos hace pensar que el autor lo tuvo en sus manos ni bien terminó de imprimirlo o de tipearlo para luego llevarlo –quizás satisfecho y feliz con el resultado, quizás insatisfecho y algo temeroso- ante las oficinas de la carrera para que, desde ahí, pasara por las manos de su evaluador y estuviera finalmente presente en aquel ritual de coloquio o defensa de tesis. Documentos cuyo ya amarillento papel, su tipografía etc. funcionan como índices (en el sentido peirceano) de una máquina de escribir, o de aquellas impresoras ruidosas con las que solíamos trabajar en aquellos años, cuando el acceso a internet, así como el uso de correos electrónicos, no estaban aún tan generalizados (épocas de locutorios o “cybers”). Esto nos hace suponer que contactar a los autores y autoras de aquellos primeros trabajos, a fines de solicitar la aprobación para la digitalización de sus investigaciones con miras a compartirlas libremente, es obviamente mucho más difícil que hablarlo con quienes vienen presentando sus tesis en los últimos años (cuyos trabajos ya fueron presentados en formato digital y dejaron asentado su correo electrónico). Difícil, pero puede ser una tarea que valga la pena. Las facilidades de acceso al material podrían devenir en un enriquecimiento de las investigaciones de corte documental, en la medida que sus autores –aunque siempre urgidos por dar por concluida esta instancia- aprovecharan ese tiempo ganado –del cual, es cierto, hay que tener noción- para ampliar el corpus de análisis o los aspectos a investigar.
Más allá de los condicionamientos y potencialidades tecnológicas
Varios autores como Lewis Mumford vienen hablando sobre la preparación cultural que en momentos previos anticipa el advenimiento de nuevas técnicas que habilita la tecnología. En relación a Internet, no son pocos quienes hacen énfasis en las prácticas de una cultura colaborativa, ya sea libre de derechos de autor -o que presenta variantes respecto a los mismos-, abriendo distintas posibilidades de acceso a la información. Quienes nos dedicamos a la investigación académica podemos dar fe de las limitaciones que aún persisten para el libre acceso, encontrándonos muchas veces con la imposibilidad de hallar textos gratuitos (muchos de los cuales a nivel teórico y metodológico son indispensables para abordar ciertos temas; otros tantos que podrían ser útiles para consultar e incluir en el estado del arte de nuestras investigaciones etc.). Aunque no siempre estas barreras son de carácter económico.En este apartado propongo discutir en relación a los derechos de autor, a la libre circulación de la información y el acceso irrestricto a todos los documentos académicos llamados tesis de investigación. Durante la realización de mi tesis recuerdo que había una prohibición respecto a fotocopiar o sacar fotos de las tesinas (lo cual me hubiera ahorrado largas horas de trabajo de escritura a mano cual “monje copista”, aunque no de la posterior transcripción). Puede ser que la preparación cultural nos haya hecho más proclives a descargar contenidos digitales gratuitos o “pirateados”, y no tanto a compartir libremente materiales de nuestra propia autoría. También puede ser que no estemos conformes con el producto de nuestra investigación como para desear que ande circulando por ahí (quizás nos haya gustado tener más tiempo para investigar o desarrollar el tema; quizás seguimos los consejos de nuestros tutores/as o directores/as para aprobar pero no nos reconocemos en el resultado final; quizás creamos que nuestro texto envejeció y no vale la pena buscarlo y subirlo a un repositorio para que esté al alcance de todos, etc.). Pero también muchas veces hay implicancias éticas que tienen que ver con la preservación del anonimato de nuestras fuentes, en caso de que hayamos recurrido a técnicas de investigación cualitativa tales como entrevistas, encuestas o grupos de focalización. Éstas cuestiones éticas son las que están debatiéndose actualmente en torno a la construcción del repositorio digital de tesinas de la carrera de comunicación.