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Eliana V. Arán: Representaciones sobre teletrabajo durante la pandemia Covid-19
Arán trabaja las representaciones sociales (Jodelet) sobre el teletrabajo a partir de la experiencia de la filial argentina de una empresa belga durante la pandemia del covid 19 (usa un nombre de fantasía para preservar la identidad de la firma). “La compañía tiene dos divisiones -describe Arán-, una produce sistemas de pre prensa integrados y de impresión industrial para la prensa y la industria gráfica y la segunda división se especializa en el rubro de salud, suministra a hospitales e instituciones de salud insumos para la producción de imágenes médicas y de sistemas de información”. Previo a la pandemia, los empleados de la empresa, especialmente los más jóvenes, comenzaron a presionar para que se les otorgue el beneficio de “trabajar desde casa”. Al irrumpir el covid -y antes de que se decretara el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO)- la firma decide cerrar la oficina y establece el trabajo remoto. La autora retoma una serie de investigaciones previas: “Este fenómeno, denominado teletrabajo, da lugar a la posibilidad de reducción de los costos de infraestructura, mientras que intensifica el trabajo a través de mecanismos de flexibilización laboral” (cita de Miano incluída en Duhalde) y cita una serie de trabajos que recuperan los orígenes de esta modalidad (el término fue conceptualizado por Nilles en 1976 –“como cualquier forma de sustitución de desplazamientos relacionados con la actividad laboral, por el uso de tecnologías de la información”- y acuñado en 1973 en el contexto de la Crisis del Petróleo), actualizan sus implicancias (ver “Bases para una descripción integral del teletrabajo”, de Rubbini y Suárez, 2011 o la más reciente tesis de doctorado de Rubbini (2018): “Organizaciones que implementan teletrabajo: recomendaciones para facilitar las relaciones sociales satisfactorias en el trabajo”) y analizan sus alcances (“Si bien hay ocupaciones que podrían ser teletrabajables con alguna reasignación de tareas, un 40% de los trabajadores detectados en la EPH requieren críticamente de la interacción física para ser llevados a cabo. (Albrieu, 2020, p. 4)” (Arán 2021).
En términos metodológicos, Arán llevó adelante una encuesta en la que participaron la totalidad de los trabajadores y trabajadoras (58), cuyo formulario estuvo disponible desde el 1º de enero al 30 de diciembre del año 2020 (periodo abarcado por todo el ASPO) y complementariamente recurrió al relato espontáneo, transcribiendo para ello dos videoconferencias de un equipo de trabajo (llevadas adelante entre junio y noviembre del mismo año, en las que se manifestaron cuestiones relativas al regreso al trabajo presencial) y analizada mediante técnicas de análisis del discurso. Las encuestas relevaron los siguientes aspectos: Características de los empleados; Condiciones materiales para teletrabajar; Tiempo y trabajo: conciliación entre la vida laboral y la vida familiar /personal y la percepción del tiempo de trabajo y de ocio; Acceso previo al teletrabajo; Valoración en relación al teletrabajo; Regulación y responsabilidad ambiental. El análisis comprende los rangos etarios y las cuestiones de género -“Las tareas de cuidado suelen recaer en las mujeres quienes debido a la pandemia y por el hecho de estar trabajando desde la casa puede que sufran mayor estrés. Suelen ser las mujeres quien se encargan en el grupo familiar de acompañar a los niños y niñas en sus tareas escolares, aunque se espera que la distribución de las tareas sea equitativa” (Arán, 2021)-.
“De la mirada actual de los trabajadores la mitad de ellos prefiere un modelo mixto, luego le sigue en proporción un tercio de ellos que prefiere el teletrabajo y en menor proporción los que quisieran volver de manera presencial. Los trabajadores mencionan dentro de los aspectos positivos el ahorro de tiempo y de gastos por desplazamientos, el hecho de estar presentes para atender las cuestiones personales y familiares y el aspecto negativo más recurrente tiene que ver con la extensión de la jornada laboral, el exceso en la cantidad de horas trabajadas o la imposibilidad de realizar un corte o dificultad para la desconexión con lo que podemos afirmar que existe cierta precarización laboral al trabajar bajo esas condiciones” (Arán, 2021)
Entre quienes se inclinan por la presencialidad o el trabajo bimodal -incluso entre quienes sus tareas podrían ser realizado cien por ciento de manera remota- se rescata el papel del cuerpo en las relaciones sociales, el acercamiento con el otro, el vínculo y el contacto a través de los cinco sentidos, tanto para reforzar los vínculos comerciales como con los compañeros de trabajo y reforzar los lazos de pertenencia a la empresa.
El trabajo está disponible en el repositorio oficial, puede accederse haciendo click aquí.